La vacuna DTP es la triple bacteriana contra difteria, tétanos y tos convulsa.
En 2000, Peter Aaby y otros investigadores publicaron en The BMJ un estudio realizado en Guinea-Bisáu que encontró una asociación entre la vacunación DTP y una mayor mortalidad infantil por todas las causas, no atribuibles únicamente a las enfermedades contra las que protege la vacuna, como la muerte súbita. Ver fuente.
La OMS entra en acción
La OMS promovió investigaciones en otros países para comprobar si el fenómeno se reproducía. En noviembre de 2002, su Comité Consultivo Mundial sobre Seguridad de las Vacunas (GACVS) concluyó que los estudios adicionales no confirmaban el aumento de mortalidad y consideró que la hipótesis debía rechazarse con la evidencia disponible.
Sin embargo, la controversia no terminó allí. Nuevas publicaciones de Aaby y colaboradores mantuvieron abierta la discusión: Aaby 2002, Aaby 2004 y Aaby 2007.
En 2003, ante nuevos estudios publicados y no publicados, el GACVS volvió a examinar la cuestión y convocó a un grupo independiente para revisar la posible relación entre la DTP y la mortalidad infantil.
En 2004, ese grupo señaló un problema metodológico de enorme importancia: cuando la DTP y la vacuna antipoliomielítica oral (OPV) se administraban conjuntamente —como ocurría en la mayoría de los contextos estudiados— no era posible distinguir los efectos de una y otra. El GACVS consideró que no había evidencia de un efecto perjudicial de la DTP y dejó el asunto de lado, a la espera de nuevas pruebas. Ver fuente.
En 2006, el GACVS abordó otra cuestión: la posible sobrecarga inmunológica y la interferencia entre vacunas administradas simultánea o sucesivamente. La discusión ya no se limitaba a la DTP: la OMS decidió ampliar el análisis a los efectos no específicos de las vacunas en general. Ver fuente.
En 2011 el Strategic Advisory Group of Experts on Immunization (SAGE) pidió revisar las hipótesis planteadas por Aaby y otros investigadores, sobre una cuestión particularmente relevante: la posible interacción entre vacunas vivas —como BCG, SRP, varicela y polio oral— y vacunas inactivadas, como la DTP, según el orden en que se administraran o si se aplicaban simultáneamente. Ver fuente.
En 2014, el SAGE recibió los resultados sobre la DTP: los datos disponibles no permitían confirmar ni excluir la posibilidad de efectos no específicos beneficiosos o perjudiciales sobre la mortalidad por cualquier causa. Por lo tanto no se modificó la política de vacunación vigente. Ver fuente. Seguía vigente el mantra «Las vacunas salvan vidas».
En 2016, Peter Aaby y colaboradores publicaron un análisis crítico de la revisión de la OMS. Su argumento central era que las contradicciones entre los estudios podían deberse a diferencias metodológicas y no a los efectos biológicos de la vacuna. Ver fuente.
Cuestionaron especialmente la selección de los grupos de niños no vacunados: incluir niños más frágiles o clasificar como no vacunados a niños sin información fiable sobre su estado de vacunación podía introducir sesgos importantes. Según los autores, esos sesgos podían explicar algunos resultados aparentemente favorables a la DTP, pero no explicaban la asociación con mayor mortalidad observada en otros estudios.
Del mismo año 2016, otra publicación de Aaby y colaboradores, reporta la posible relación entre la vacuna DTP y el aumento de la mortalidad infantil femenina. Ese efecto no se manifiesta en los varones. Ver fuente.
Los conflictos de interés
La propia documentación de la OMS expone las declaraciones de intereses de quienes integraron el grupo de trabajo de 2013 de las cuales surge que ocho integrantes declararon intereses relevantes. Entre ellos: financiación institucional para ensayos de vacunas, consultorías y apoyos vinculados a fabricantes. Ver fuente.
Entonces, ¿qué independencia tienen los informes de quienes mantienen vínculos institucionales, financieros o profesionales con el ámbito que están evaluando?
La pregunta que sigue sin respuesta
La discusión no es si la DTP protege contra la difteria, el tétanos y la tos convulsa. La cuestión es otra: ¿por qué los posibles efectos sobre la mortalidad general no reciben la misma prioridad de investigación que la protección frente a esas enfermedades?
Mientras tanto, persiste una cultura institucional de negación que tiende a minimizar, relativizar o descartar los graves efectos adversos, como la muerte súbita del lactante y el autismo. Ambos aparecen reportados en los prospectos de dos vacunas DTP: Tripedia en 2005 aquí; Daptacel desde la FDA en 2008 aquí. Buscar «SIDS» y «autism» en ambos archivos.
Las vacunas en Uruguay
A las embarazadas se indica la DTP en cada embarazo.
La DTP está incluída en la hexavalente y se aplica junto con la SRP a los 15 meses.
A los 5 años se aplica DTP junto con la anti varicela.
Las vacunas SRP y antivaricela son a virus vivos y según lo aquí expuesto, su administración es conveniente separarla de la hexavalente y la DTP, respectivamente.
