San Javier: ex «terroristas», hoy «antivacunas»

El viernes 19/12/2025 Uruguay estaba en la portada de la BBC: San Javier, el pueblo ruso que se fundó en Uruguay en busca del paraíso terrenal y vivió un infierno absurdo. Una crónica que reconstruye el terrorismo de Estado ejercido durante la dictadura uruguaya contra esa comunidad, desatado por una denuncia anónima que los señalaba como agentes de la Unión Soviética y del Partido Comunista. Bastó el rumor, el prejuicio y la xenofobia para habilitar la cacería.

El lunes 22/12/2025, San Javier vivió un día histórico: la crónica de la BBC tuvo su final gracias a una sentencia que condenó a nueve imputados a penas de entre 13 y 15 años de prisión. El fallo reconoce como víctimas a 30 personas secuestradas y torturadas en dos oportunidades (1980 y 1984), entre ellas menores de 16 años. Entre los nombres está el del Dr. Vladimir Roslik, muerto bajo tortura en el Batallón de Infantería N.º 9 de Fray Bentos en 1984. Tardó décadas, más de 40 años, pero la justicia llegó.

Uno de los condenados fue el ex médico militar Saiz, responsable de la primera autopsia practicada a Vladimir Roslik. Su informe concluyó, sin rubor, que la muerte presentaba “signos compatibles con un paro cardiorrespiratorio, sin violencia”. Una fórmula burocrática destinada a cerrar el caso y ocultar la tortura. Fue la insistencia de la viuda la que forzó una segunda autopsia. Esta vez participaron otros médicos militares, pero también un médico de confianza de la familia. El resultado demolió la versión oficial: la causa de la muerte fue “anemia aguda y síndrome asfíctico”. No un desenlace natural, sino el rastro fisiológico de la violencia. La «ciencia», puesta al servicio del poder, había mentido.

La sentencia es dramática no solo por las condenas, sino porque incorpora un gesto inusual y elocuente: el pedido explícito de disculpas del juez a las víctimas y a sus familiares. No se trata de una cortesía retórica, sino del reconocimiento formal del accionar del Estado como autor de crímenes de lesa humanidad.

La historia se repite

Sin embargo, esa historia de xenofobia no terminó. El mismo día comenzó otra persecución, contra la misma comunidad, con los mismos mecanismos pero un nuevo ropaje: el “sanitario”. El titular lo dice todo: Jerarca del MSP sobre brote de sarampión: ‘Lo que abrió la puerta fue una comunidad que resolvió no vacunarse. La señal es clara: señalar, estigmatizar, culpabilizar.

Y no sólo contra los pobladores de San Javier. Así amplía el ataque El País: “A 15 kilómetros del pueblo de San Javier, se encuentra la Colonia Ofir, fundada hace 30 años por inmigrantes rusos, donde vive cerca de un centenar de personas, desconectados de las redes sociales en general, que visten atuendos del siglo XIX, y pertenecen a una comunidad religiosa denominada starovery, que son rusos ortodoxos separados de la iglesia oficial. “ Ahora suman una nueva colonia de rusos. La misma artillería estigmatizante y discriminatoria que contra San Javier.

Ahora ya no son “comunistas soviéticos”, sino «fanáticos religiosos ignorantes«.

El viceministro Dr.Briozzo manifestó que “Lo que abrió la puerta para este brote, que está dentro de todo controlado, fue justamente una comunidad que había resuelto no vacunarse con una vacuna que es extremadamente segura, y efectiva para la prevención de esta grave afección». Lo que no reconoce es que él, en lugar de apegarse a la ciencia profesa otro dogma, el vacunal, ya que le atribuye propiedades mágicas a las vacunas: salvar vidas.

Otros médicos, distintos en nombre pero idénticos en su función, vuelven a alinearse con el poder de turno, hoy enmarcado en la Agenda 2030 de la ONU —con la OMS como engranaje legitimador— para arremeter otra vez contra la misma comunidad. Ya no invocan al “enemigo ideológico”; ahora visten la persecución con batablanca y la llaman “salud pública” en defensa del «bien común» invocando un supuesto «efecto rebaño» que no está reportado por ningún fabricante en ningún prospecto de vacuna. Se los señala y estigmatiza por rechazar las vacunas, como si la decisión informada constituyera un delito. Y, una vez más, los medios hacen coro, amplificando el señalamiento y convirtiendo el hostigamiento en espectáculo.

Pero una vez más, tanta propaganda no convence a nadie y simplemente la comunidad reconoce “No confiamos de las vacunas”. Y por algo será.

Veamos.

Varios trabajadores de la salud de Río Negro con síntomas compatibles con sarampión fueron aislados y vacunados, en lo que las autoridades llaman bloqueo sanitario. El Dr. Gerardo Valiero, Director de Salud Pública en Río Negro, tuvo que ser ingresado en CTI del Sanatorio Americano en Montevideo. Estaría padeciendo el síndrome de Guillain–Barre, un efecto adverso típico de las vacunas. No es un detalle menor: la existencia de sistemas legales de indemnización por daños vacunales en los países productores no responde a teorías conspirativas, sino al reconocimiento jurídico de que las vacunas presentan riesgos comprobados.

Es Uruguay

Ya no se los secuestra con uniforme militar, pero se los expone al linchamiento mediático y al miedo inducido. Ya no es tortura física, es bioterrorismo de Estado y nuevamente bullying institucionalizado y mediatizado.

El País aporta su cuota de escarnio con una descripción cargada de exotización y desprecio: comunidades “desconectadas”, religiosas, distintas, con indumentaria inapropiada. Otra vez la otredad convertida en amenaza.

Nada de esto es casual. Es xenofobia reciclada del siglo XXI, persecución religiosa aggiornada y el mismo reflejo autoritario de siempre: cuando el poder necesita un culpable, lo busca entre los que no encajan, no obedecen o no se parecen.

Como detonante de la pandemia en Uruguay, el poder de turno había elegido a una mujer para culpabilizar. Pero San Javier ya conoce este guión. Y el país debería cancelarlo antes de vovler a salir en la portada de la BBC y que otro juez deba pedir más disculpas.

Si el pastor Martin Niemöller viviera hoy en Uruguay nos advertiría así:

Primero vinieron por los comunistas y no hablé porque yo no era comunista.
Luego vinieron por el caso cero de covid19 y tampoco hablé porque yo no era.
Luego vinieron por los de San Javier y no dije nada porque yo no era de ahí.
Luego vinieron por mí, y ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre.


Un comentario sobre “San Javier: ex «terroristas», hoy «antivacunas»”

  1. si no apoyamos a las personas que resisten el atropello dictatorial sanitario,nos van a obligar a cumplir por ser tan pocos.

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