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Trailer de la próxima temporada

En noviembre de 2025 se notificaron casos de sarampión en habitantes de Río Negro que habían regresado del exterior. Es decir: casos importados de sarampión. La noticia se amplificó y mediatizó como si el virus estuviera radicado en Uruguay. No hubo ni un fallecimiento entre esos casos de sarampión.

El Ministerio de Salud Pública (MSP), con avieso oportunismo, se apresuró a convocar una jornada nacional de vacunación contra el sarampión para capitalizar su popularidad entre la población, para el sábado 6 de diciembre de 2025. A partir de entonces, se desplegó en todo el país una intensa campaña que se extendió durante el verano de 2026.

Hay que tener presente que no existe la vacuna monovalente contra el sarampión: la protección contra esta enfermedad integra la triple viral (SRP, sarampión, rubéola y paperas) en el Certificado Esquema de Vacunación (CEV) desde 1982 para la población de 12 meses de edad.

La campaña no se limitó a los menores que tenían dosis pendientes según el CEV: también alcanzó a los nacidos a partir de 1967, es decir, a varias generaciones de adultos.

¿Por qué? Porque en 1992, se agregó una segunda dosis a los 5 años. De ese modo, personas que habían recibido una sola dosis décadas atrás fueron convocadas a recibir una segunda. Como si hubiera que saldar, retroactivamente, una deuda sanitaria.

Pero surge una pregunta elemental: ¿acaso la inexistencia de sarampión en Uruguay no constituye la mejor evidencia de que una sola dosis confiere protección suficiente, incluso para quienes, vacunados, fueron expuestos al virus fuera del país y regresaron sanos al país?

La presión llegó incluso al ámbito laboral: hasta el carné de salud fue utilizado como instrumento para exigir la acreditación del esquema de vacunación completo de dos dosis contra sarampión.

Una alerta. Una campaña. Una población que debía completar casilleros. Sin embargo…

Hay un dato que el MSP no advierte y que no debería perderse de vista. El último brote importante de sarampión en Uruguay ocurrió en 1998, 31 años después de 1967. Por lo tanto, varias generaciones de adultos pueden haber adquirido inmunidad natural de por vida y no deben vacunarse. Teniendo en cuenta que la historia clínica digital se inició en 2012 y que no hay registros de sarampión en ella, no es necesario probar haber padecido sarampión para rechazar la re vacunación con la triple viral, que además suma las vacunas contra paperas y rubéola a la del sarampión.

Sin embargo, ¿cuántas personas fueron revacunadas sin conocer siquiera si ya habían adquirido inmunidad natural y de por vida contra el sarampión? ¿Y cuántas, habiendo padecido alguna de las tres enfermedades, fueron vacunadas innecesariamente y expuestas a los posibles efectos adversos de la vacunación, como una reacción hiperinmune?

Meningitis: nueva alerta para generar otra temporada de vacunación

Terminado el verano, la alerta por el sarampión se esfumó hasta de los medios agitadores. En mayo se informó del fallecimiento de un bebé por meningitis y se desató una fuerte alarma pública alrededor de esta enfermedad, conforme entraba el invierno y las patologías habituales de esa temporada, entre ellas, la enfermedad meningocócica. Poco después se amplió la población destinataria de la vacunación antimeningocócica incorporada al CEV.

Se abrió la agenda en julio. Comenzó la vacunación masiva para la población entre 9 y 15 años de edad con una vacuna experimental desarrollada para África y sólo en uso en Nigeria desde 2023. Nuevamente se convocó a otra jornada nacional de vacunación, esta vez contra el meningocUco.

Y, mientras avanzaba la campaña antimeningocócica ampliada en pleno invierno, las noticias dramáticas que habían instalado la alarma comenzaron a desaparecer de los medios.

¿Desapareció el riesgo o desapareció la alarma?

Hay además un dato que no debería perderse de vista: la meningitis no presenta una incidencia uniforme durante todo el año. Algunas formas de la enfermedad tienen mayor circulación durante los meses de invierno.

¿Cuántos vacunados contra meningitis sufrieron efectos adversos graves y hasta la muerte como consecuencia de la vacunación antimeningocócica en Uruguay? No son reportados por el MSP pero sabemos que los hay. Porque una campaña de vacunación masiva no termina cuando se aplica la vacuna. También debería comenzar allí la farmacovigilancia. Y más aún si se trata de una vacuna experimental como es la MenFIVE que se está aplicando a los menores entre 6 y 15 años.

El calendario sanitario contra la meningitis continúa, a pesar de que Uruguay que no presenta niveles de riesgo y aún negando los estragos por sus daños. Es que ahora hay que colocar las más de 340.000 vacunas adquiridas para este experimento.

¿Y qué pasará cuando se terminen y quede gente sin vacunar?

¿Qué enfermedad ocupará los titulares?

¿Y cuántos casos serán necesarios para que la alarma vuelva a empezar?

¿Qué población habrá que vacunar?

¿Cuántas dosis habrá que comprar?

¿Para otro experimento?

Se viene la nueva temporada 2026 de vacunación masiva en Uruguay.

¿Qué nueva alarma montarán con la complicidad de los medios?

Informate. Porque prevenir no significa obedecer.

Cuestionar es un acto ciudadano.


Una acción histórica: dimos el primer paso

Desde 1982, son solo ocho las vacunas establecidas por ley para la población. Desde entonces, el Ministerio de Salud Pública (MSP) ha actualizado el CEV para incorporar nuevas vacunas obligatorias mediante decretos. Ese mecanismo es una violación flagrante del artículo 10 de la Constitución.

Hasta ahora, nadie había resistido ese proceder inconstitucional de la autoridad sanitaria.

El último fue el Decreto 266/025, mediante el cual se incorporaron las vacunas antimeningocócicas, la hexavalente y la nueva contra el VPH.

Esta vez decidimos actuar y recurrirlo, como una forma de poner un límite a este mecanismo abusivo y defender los derechos de la ciudadanía.

Con apenas los 10 días hábiles para eso, logramos reunir a cuatro familias que pusieron su firma, patrocinadas por un equipo de abogados cuya asistencia estamos sosteniendo desde LSuy. Ver factura.

Vencido el plazo sin que el MSP se expidiera, el 28 de agosto se presentó la demanda ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo (TCA) contra el MSP. Se puede hacer su seguimiento consultando la ficha 587 del año 2026 en este link.

Para iniciar esta acción fueron abonados $36.600 en concepto de adelanto de honorarios y gastos. Ver factura.

Ahora necesitamos recuperar ambos importes y reunir los recursos para afrontar los costos hasta el fin del proceso.

El gasto ya está hecho y las facturas abonadas.

Si querés contribuir a sostener esta acción, las vías disponibles son las cuentas oficiales de LSuy en:

=> MercadoPago: por suscripción mensual con monto y periodicidad definidos por el suscriptor;

=> MercadoPago: transferencia a voluntad;

=> ABITAB: colectivo 119302.

Cada aporte ayuda a sostener esta acción histórica cuyo resultado trascenderá a las familias que la iniciaron para beneficio de toda la ciudadanía.

Si valorás el trabajo que hacemos, este es el momento de colaborar.

Gracias a quienes vienen sosteniendo este camino y haciendo posible que podamos llegar hasta acá.

Y gracias también a quienes hoy decidan sumarse.

Meningocuco: ¿pasaporte al poder?

En 2021, en plena pandemia de COVID-19, la OMS lanzó su hoja de ruta mundial “Hacia un mundo sin meningitis”, con horizonte 2030. El documento puede consultarse aquí.

La estrategia apunta específicamente a combatir la meningitis bacteriana aguda prevenible mediante vacunación. Entre sus objetivos, la OMS plantea:

  1. “Reducir el número de casos de meningitis bacteriana prevenible mediante vacunación en un 50%”.
  2. En materia de prevención y control de epidemias, “lograr una mayor cobertura vacunal entre la población”.

¿Epidemia en Uruguay?

La propia OMS establece que existe una epidemia de meningitis cuando la incidencia acumulada supera los 100 casos por cada 100.000 habitantes durante un año en una población determinada.

¿Estamos cerca de ese escenario?

Según el último Boletín Epidemiológico del MSP correspondiente a 2025, disponible aquí, la incidencia acumulada de meningitis y enfermedad meningocócica fue apenas de 1,17 casos por cada 100.000 habitantes.

Es decir: menos de 2 casos frente a más de 100 casos por cada 100.000 que la OMS utiliza como referencia para una situación epidémica. Claramente no hay epidemia en Uruguay con una incidencia que se encuentra decenas de veces por debajo de ese umbral.

¿Y la vacunación masiva preventiva?

Aquí la cuestión es todavía más reveladora.

La OMS clasifica la incidencia de enfermedad meningocócica invasiva de la siguiente manera:

  • menos de 2 casos por 100.000 habitantes/año: baja endemicidad;
  • 2 a 10 casos por 100.000/año: endemicidad moderada;
  • más de 10 casos por 100.000/año: alta endemicidad;
  • más de 100 casos por 100.000/año: umbral epidémico.

Uruguay, con apenas 1,17 casos por 100.000 habitantes en 2025, se encuentra incluso por debajo del nivel que la OMS clasifica como baja endemicidad.

Y en 2026 tampoco aparece una situación compatible con una epidemia nacional: a la semana epidemiológica 31, la incidencia acumulada publicada por el MSP era de 0,78 casos por cada 100.000 habitantes. Ver boletín 31 aquí.

Poco frecuente

El propio MSP informa desde su sitio web que «la enfermedad meningocócica es poco frecuente«.

Los fallecidos en Uruguay por meningitis en 2024 fueron 11, mientras que en 2025 sin vacunación masiva fueron 5. En 2026, con vacunación, son 7 a la semana 31.

¿Cuántos niños y adolescentes sufrirán efectos adversos graves, incluida la muerte, debido la vacunación contra el meningocuco para prevenir una enfermedad cuya incidencia se encuentra en niveles de tan baja endemicidad?

Entonces, ¿por qué la alarma sanitaria?

No hay 100 casos de meningitis por 100.000 habitantes. Ni 10. Ni siquiera 2.

Hay 0,78.

Y, sin embargo, se está impulsando una campaña masiva de vacunación contra el meningocuco.

¿Cuál es exactamente el criterio epidemiológico que la justifica?

Porque una cosa es prevenir una enfermedad grave y otra muy distinta es presentar como amenaza epidémica una enfermedad cuya incidencia se encuentra muy por debajo de los niveles que la propia OMS utiliza para caracterizar escenarios de alto riesgo.

Si los números no muestran una epidemia, si la incidencia permanece en niveles extremadamente bajos y si tampoco se alcanzan los niveles de incidencia que la OMS asocia con estrategias preventivas de vacunación a gran escala, entonces la explicación ya no puede encontrarse simplemente en la epidemiología.

¿Cuál es su verdadera motivación?

Lejos de una justificación científica, lo que hay es una decisión política alineada con la agenda de la OMS: Uruguay está aplicando MenFive, una vacuna precalificada por la OMS y sin autorización de reguladores como la FDA y la EMA. El que impone la agenda mundial contra la meningitis no puede ser el mismo que otorga la condición regulatoria de precalificación. Esto constituye un conflicto de interés.

Y, además, la MenFive no es la vacuna que había recomendado en 2024 la Comisión Nacional Asesora de Vacunación (CNAV) del MSP.

La CNAV había recomendado la vacuna antimeningocócica ACWY, que cuenta con las aprobaciones de la FDA y la EMA. Sin embargo, el nuevo gobierno en 2025 incorporó MenFive, la vacuna ACWXY, que agrega el serogrupo X.

¿Quién, cómo y por qué tomó la decisión de aplicar en Uruguay esa vacuna desarrollada especialmente para el cinturón de la meningitis de África, donde se han registrado tasas de hasta 1.000 casos por 100.000 habitantes, esto es, el 1% de la población?

Erradicar la meningitis en un país con menos de 2 casos por 100.000 habitantes al año es sencillo frente al desafío que supone hacerlo en el cinturón africano de la meningitis. Pero puede ser un mérito muy conveniente para quien aspire a proclamarse campeón mundial de la lucha contra la meningitis y artífice del primer país en erradicarla, de cara a las elecciones nacionales de 2029 y a la agenda de la OMS hacia 2030.

Además las vacunas son importadas y no son gratuitas: son productos comerciales adquiridos con dinero público.

Entonces…

¿Existen vínculos entre quienes impulsan activamente en Uruguay esta campaña masiva de vacunación antimeningocócica, los medios que amplifican la supuesta alerta epidemiológica, los fabricantes y los proveedores de las vacunas?

Esa pregunta no es antivacunas. Es control ciudadano sobre las decisiones que se toman en nombre de la salud pública. Porque cuando los datos no muestran una epidemia, cuando la incidencia está por debajo incluso del nivel de baja endemicidad y cuando la vacuna utilizada no es la recomendada por la CNAV sino una en etapa EXPERIMENTAL de la OMS la sociedad que paga las vacunas con sus impuestos tiene derecho a saber por qué se está haciendo lo que se está haciendo, quién lo decidió y a quién beneficia.

Los ESAVI según la OMS

En 2025, Uruguay incorporó al Certificado Esquema de Vacunación dos vacunas antimeningocócicas: Bexsero, contra el serogrupo B, y MenFive, contra los serogrupos A, C, W, X e Y. El Ministerio de Salud Pública (MSP) aún no publicó el reporte de efectos adversos correspondiente a 2025 para todas las vacunas administradas en Uruguay o ESAVI (por evento supuestamente atribuible a vacunación e inmunización).

Bexsero cuenta con la aprobación de la EMA para ser aplicada a personas desde los 2 meses de vida pero la FDA sólo la autoriza a partir de los 10 años. MenFive no está autorizada por la FDA ni por la EMA. Sólo cuenta con la precalificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), otorgada en julio de 2023. Tampoco estuvo en consideración de la Comisión Nacional Asesora de Vacunas del MSP.

Al no estar aprobada por los principales organismos reguladores del hemisferio norte, no existe un uso comercial autorizado de la vacuna MenFive que genere farmacovigilancia post comercialización. Es decir, no hay reportes en VAERS ni en EudraVigilance de efectos adversos por la administración de esa vacuna en Estados Unidos y Europa, por no estar aprobado su uso. Esto imposibilita investigar la seguridad post comercialización y por lo tanto la única información disponible es la provista por el fabricante como resultado de los posibles ensayos que haya realizado.

Como la MenFive tiene la precalificación de OMS, fuimos a buscar los efectos adversos registrados en la base de datos de farmacovigilancia de la OMS: VigiAccess.

Y nos llevamos una sorpresa.

Aparecen 162.296 reportes de efectos adversos. El repositorio los informa por continente, sin detallar el país de procedencia. Las barras muestran que la mayoría de los eventos se reportaron en Europa y América. Pero, si MenFive no estaba aprobada por la FDA ni la EMA, ¿cómo explicar la existencia de reportes en Europa y América?


Entonces por pura curiosidad fuimos a buscar los reportes correspondientes a los efectos adversos de la vacuna Bexsero:

Y aquí aparece la gran sorpresa: se obtiene exactamente el mismo resultado que para MenFive. Se exponen los mismos 162.296 eventos, la misma gráfica de barras y el mismo desglose de efectos adversos. Todo igual.

Esto permite comprobar cómo funciona el sistema: VigiAccess no muestra los reportes correspondientes a una marca específica, sino que los agrupa bajo al mismo principio activo, en este caso “Meningococcal vaccine”. Los 162.296 eventos totalizan los correspondientes a las vacunas antimeningocócicas en general.

En consecuencia, VigiAccess no permite determinar cuántos de esos reportes corresponden a MenFive y cuántos a otras vacunas antimeningocócicas. Por lo tanto, es imposible investigar específicamente la seguridad de MenFive.

Así como los datos no se exponen desagregados por país sino agregados por continente, tampoco se exponen desagregados por vacuna y fabricante: se presentan todos los eventos agregados por principio activo, unificando diferentes vacunas bajo una misma categoría. Esta presentación de los datos existentes impide que las estadísticas permitan identificar específicamente los reportes correspondientes a cada vacuna.

¿Cómo estamos seguros de que los datos existentes en el repositorio de OMS son más ricos que los presentados? Porque para reportar a OMS un efecto adverso ocurrido en Uruguay, se debe acceder desde el sitio web del MSP (ver aquí) y porque el informe del MSP de los ESAVI en 2024 revela que obtuvo los datos de la base de la OMS (esavi 2024).

De modo que los datos disponibles en el repositorio de la OMS, la única institución que ha otorgado una condición regulatoria a MenFive, no son confiables para investigar la seguridad de esa vacuna.

La precalificación de OMS no es garantía de nada. Su repositorio es un artilugio para desinformar.


Más vacunas, más casos… ¿cuántos ESAVI?

El Decreto 41/2012 establece la notificación obligatoria de los eventos sanitarios definidos en el Código Nacional sobre Enfermedades y Eventos de Notificación Obligatoria. El MSP publica boletines semanales en su sitio web donde da cuenta de todos estos eventos. En cada boletín compara los datos del presente año con los del año anterior. Los boletines del 2025 con datos del 2025 y 2024 aún están disponibles para poder compararlos con los del 2026, semana a semana.

A partir de estos datos se elabora el cuadro que permite comparar 2024, 2025 y 2026 en relación con los casos de meningitis y enfermedad meningocócica. El último boletín publicado corresponde a la semana 30, la última del mes de julio.

Como se puede apreciar, los casos de meningitis y enfermedad meningocócica en la semana 30 de 2026 (26) superan a la de 2025 (19) pero se mantienen por debajo de la de 2024 (29). ¿Cómo se explican esas diferencias?

En julio de 2025 comenzó la vacunación masiva con las dos vacunas antimeningocócicas contra neisseria meningitidis. Hay dos aspectos distintos que requieren una explicación.

Por un lado, está el dato cuantitativo: en 2025 los casos bajaron con respecto a 2024 sin vacunación masiva (lo que resulta llamativo si, según el relato oficial, la vacunación era necesaria precisamente para hacer bajar los casos, pero estos bajaron sin que hubiera un aumento de la vacunación).

Luego, en 2026, los casos volvieron a subir pese a que ya se estaba vacunando mucho más (lo cual resulta contradictorio, ya que se supone que una mayor vacunación debería traducirse en menos casos, pero en este caso ocurrió lo contrario: aumentó la vacunación y también aumentaron los casos).

Además, aunque los casos aumentaron de 2025 a 2026, la cantidad registrada en 2026 siguió siendo menor que la de 2024. Por lo tanto, el número de casos, tomado por sí solo, no parece suficiente para explicar por qué en 2026 sería necesaria una ampliación masiva de la vacunación.

Por otro lado, existe una cuestión conceptual diferente: si en 2024 el nivel registrado ese año fue considerado suficientemente preocupante como para decidir la incorporación de las vacunas al CEV, resulta necesario explicar con qué criterio un nivel menor en 2026 justifica ahora una ampliación todavía mayor de la vacunación.

¿Qué relación habrá entre los efectos supuestamente atribuíbles a vacunación e inmunización (ESAVI)?

La vacunación antimeningocócica ya existía en Uruguay pero fuera del certificado esquema de vacunación (CEV); es decir, las vacunas debían ser pagadas por quienes optaban por recibirlas. Por eso existe registro de ESAVI en los reportes anuales del MSP: por la MenACWY y por la Bexsero (antimeningocócica B). Entre 2020 y 2023, pandemia mediante, se publicó un único reporte que resume esos cuatro años:

Esavi total2020–20232024
MenB (Bexsero)236
MenACWY22

Y hasta hay ESAVI graves registrados por la Bexsero, que se aplica a los bebés:

esavi grave2020-20232024
MenB (Bexsero)30
MenACWY00

Los ESAVI correspondientes a 2025 aún no han sido publicados al 30/7/2026, según respuesta recibida del MSP. En ese reporte deberían constar, entre otros, los producidos por la vacuna MenFive (antimeningocócica pentavalente ACWXY), cuyo impacto en términos de seguridad se desconoce porque, al no estar aprobada por la FDA ni por la EMA, no existen registros de ESAVI en el VAERS de Estados Unidos ni en el registro EudraVigilance de Europa.

Pero hay algo aún más grave: la incorporación de la vacuna MenFive en el CEV no fue puesta a consideración de la Comisión Nacional Asesora de Vacunaciones del MSP. Si la Comisión no la aprobó, ¿quién evaluó la seguridad de la nueva vacuna? Como en la pandemia, que se evitó reportar anualmente los ESAVI sobre las vacunas anticovid experimentales, ¿será que se están ocultando los ESAVI de otra vacuna por ser experimental?

Título express para convocar cobayos a un experimento

En julio de 2025, el Ministerio de Salud Pública (MSP) incorporó dos vacunas antimeningocócicas al Certificado Esquema de Vacunación (CEV) para determinados grupos etarios. A los demás grupos también se las indican los pediatras, pero deben pagarlas de su bolsillo.

En 2026, cuatro niños fallecieron por meningitis. Los casos fueron ampliamente difundidos por los medios porque no estarían vacunados y contribuyeron a instalar un clima de alarma pública. Las autoridades hablaron de un «aumento inusual de casos», eufemismo para “brote”. Como ya informáramos, el aumento de casos respecto a 2025 es inferior al nivel de 2024.

El efecto fue concreto: la población se movilizó para reclamar que la vacunación gratuita se extendiera a más menores. Poco después, el MSP anunció la llegada de más de 340.000 dosis con el objetivo de vacunar a todos los menores de 18 años.

Los prestadores privados se sumaron rápidamente a la promoción de la campaña. Uno de ellos, del interior del país, utilizó la imagen de un conocido artista en un video viral, a quien presentó como pediatra: el Dr. Gabriel Peluffo.

Como hacemos habitualmente, recurrimos al registro oficial de títulos para verificar sus acreditaciones.

Y allí apareció el primer dato llamativo.

El registro mostraba apenas dos acreditaciones del Dr. Peluffo: una como médico general y otra como «Magíster en Dirección de Empresas de Salud».

No figuraba la especialidad en Pediatría.

Ese mismo día difundimos la información en redes sociales, junto con el enlace al registro oficial, para que cualquiera pudiera comprobarla por sí mismo. La publicación generó un intenso debate. Y, sin verificar nada, muchas personas cuestionaron nuestro proceder.

Entonces decidimos ir directamente a la fuente. Presentamos ante el MSP un pedido de acceso a la información para conocer qué títulos tenía registrados el Dr. Gabriel Peluffo, qué especialidades y formaciones figuraban oficialmente en sus antecedentes y cuáles de ellas reconocía el MSP a efectos de su habilitación profesional. Y entonces ocurrió algo llamativo. Ese mismo día, el registro oficial de títulos fue actualizado.

A partir de ese momento, Peluffo aparecía efectivamente como pediatra. Pero todavía faltaba otro título. En diversas fuentes se lo presentaba además como egresado de la «Diplomatura en Infectología Pediátrica». Esa formación tampoco figuraba en el registro oficial del MSP. El dato no era menor porque se trataba precisamente de una formación que reforzaba su autoridad profesional como pediatra en el contexto de una campaña de vacunación infantil.

Finalmente, el MSP respondió nuestro pedido de acceso a la información.

Según la respuesta oficial, el Dr. Peluffo está habilitado para ejercer con cuatro títulos: médico general, director de empresa de salud, pediatra e Infectología Pediátrica.

Y aquí aparece el dato central: el título de Infectología Pediátrica fue incorporado al registro entre nuestra solicitud y la respuesta oficial del organismo.

La pregunta es inevitable: ¿Por qué aparecieron esos títulos después de que solicitamos oficialmente la información?

Mientras el registro de Peluffo en el MSP se transformaba, su imagen estaba siendo utilizada por un prestador privado que se prestigiaba con ese perfil, para promocionar una campaña de vacunación infantil: imagen profesional de una figura conocida de la música popular para algunos adultos, capaz de generar confianza en ellos que en su rol como padres, deciden por sus hijos.

Confianza para vacunar.
Confianza para no preguntar.
Confianza para no dudar.

¿Y qué se está promoviendo? Una vacuna que no cuenta con aprobación de la FDA ni de la EMA ni por la Comisión Nacional Asesora de Vacunas (CNAV) del MSP. En efecto, la vacuna recomendada por la CNAV en 2024, según acta pública, fue otra: la tetravalente ACWY. Pero las nuevas autoridades que asumieron en 2025 (y sin convocar a la CNAV) optaron por la pentavalente ACWXY: una vacuna desarrollada para las necesidades de África. Entonces la pregunta cambia. Ya no se trata solamente de saber por qué el registro fue actualizado después de nuestro pedido. Se trata de entender cómo opera esa imagen reforzada de Peluffo en el marco de la campaña por una vacuna experimental.

¿Para convertir cuatro títulos profesionales en una garantía que la propia vacuna no tiene ante los dos principales organismos regulatorios que mencionamos ni por el propio MSP?

Porque una cosa es informar.

Otra muy distinta es construir una imagen de autoridad para obtener confianza ciega.

Y si el Estado refuerza esa imagen para promover en niños una vacuna que no cuenta con aprobación de la FDA ni de la EMA ni de la CNAV, mientras el propio registro oficial incorpora títulos que antes no mostraba, tenemos derecho a preguntar:

¿Están experimentando con los niños uruguayos?

El mundo revisa las vacunas y Uruguay pisa el acelerador

Mientras el mundo prioriza el consentimiento informado de los padres y excluye las vacunas antimeningocócicas, Uruguay somete a niños y adolescentes a un experimento sanitario.

El lunes 10 de agosto de 2026 marca un antes y un después en las políticas de vacunación infantil en Estados Unidos. La Casa Blanca emitió una orden ejecutiva que modifica el calendario nacional de vacunación infantil. Ver fuente aquí.

El objetivo es abandonar el modelo de un calendario universal y avanzar hacia un sistema con mayor participación de los padres, acompañado por la recomendación personalizada del médico tratante.

La orden intenta pasar de un modelo de “calendario universal, vacunas combinadas y múltiples aplicaciones en una visita” a otro de “calendario personalizado, vacunas separadas en más visitas y mayor decisión parental”.

También cuestiona el modelo basado en mandatos de vacunación. Sostiene que otros países desarrollados alcanzan altas coberturas mediante confianza, información y educación.

Da especial relevancia a las excepciones médicas y filosóficas frente a los requisitos estatales y reclama una mayor protección de la autonomía de los padres.

Cuestiona asimismo el modelo de vacunación simultánea: propone estudiar la administración de vacunas en visitas diferentes y desarrollar alternativas a las vacunas combinadas. Como ejemplo emblemático, plantea separar la triple viral (MMR en inglés, SRP en español) en vacunas individuales contra sarampión, paperas y rubéola, aunque para ello deberían existir productos disponibles y autorizados para su utilización.

La administración estadounidense sostiene que las recomendaciones deben alinearse a la tendencia mundial de las prácticas de otros países desarrollados y reclama más investigación para establecer un calendario basado en lo que denomina “gold standard science” o “ciencia de referencia”.

La orden dispone además una revisión de los perfiles de riesgo y beneficio de las vacunas infantiles, utilizando datos estadounidenses e internacionales. Solicita estudiar sistemáticamente beneficios, riesgos, eficacia, momento y secuencia de administración, incluyendo estudios controlados y estudios observacionales de largo plazo.

Uno de los cambios más significativos es la reducción de 18 a 11 enfermedades para las que se recomienda la vacunación universal. Eso reduce las inyecciones y las dosis de acuerdo al siguiente esquema:

VacunasAntesAhora
Enfermedades1811
Inyecciones5723
Dosis8423

Las siete enfermedades cuyas vacunas dejan de integrar el esquema son: hepatitis A, hepatitis B, rotavirus, influenza, COVID-19, VRS y meningococo. Sí, meningococo.

Este cambio plantea un gran interrogante para Uruguay. Mientras Estados Unidos deja de considerar universal la vacunación antimeningocócica, Uruguay está ampliando su estrategia de vacunación con dos vacunas: a los adolescentes con MenFive, que no tiene la autorización de la FDA ni de la EMA y a los bebés con Bexsero, que no está aprobada por la FDA para menores de 10 años.

Es decir: Uruguay aplica vacunas que no integran las recomendaciones actuales de Estados Unidos ni de Europa. Uruguay es el laboratorio.

En definitiva, la orden ejecutiva representa un cambio de paradigma en la política federal de vacunación infantil en todo Estados Unidos: reduce el número de vacunas recomendadas universalmente, promueve una mayor individualización de las decisiones, cuestiona la administración simultánea y las vacunas combinadas, propone más investigación científica y coloca la decisión de los padres y la relación médico-paciente en el centro del nuevo modelo.

Denuncia ante la INDDHH y ANEP

Ya son muchas las quejas que hemos recibido de padres por maestros que usan el grupo de chat para exponer a los niños que carecen de carné de vacunas. Por eso hoy, 7/8/2026, presentamos una denuncia por bullying docente ante la Administración Nacional de Enseñanza Pública y la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo.

Y ya fue ingresada con el número de expediente 2026-25-1-002925:

130 causas oficiales y una prohibida

Cómo la magia de la estadística hace desaparecer el fracaso de las vacunas. Y silenciar a quien lo expone…

Una reciente publicación de Peter C.Gøtzsche, ex integrante de la Cochrane Collaboration, informa sobre la retractación de un estudio que en 2021 hacía pública una cuestión polémica: la relación entre la vacunación y las muertes de bebés.

El estudio analizaba los reportes de fallecimientos registrados entre 1990 y 2019 en el sistema estadounidense VAERS (Vaccine Adverse Event Reporting System). Además revisaba la literatura médica publicada sobre el tema para evaluar si los datos disponibles respaldaban una posible asociación con la vacunación. También accedió a informes confidenciales de un fabricante de vacunas. Su conclusión fue que una proporción considerable de las muertes infantiles ocurrió durante los primeros días posteriores a la vacunación.

Elsevier retiró el artículo, lo que constituyó un caso flagrante de mala conducta editorial. La curiosidad por conocerlo nos llevó a rastrearlo y recuperarlo. Finalmente lo encontramos en Sci-Hub, el conocido repositorio que permite acceder a publicaciones científicas restringidas e incluso a las retractadas como esta.

Lo que encontramos permite entender por qué el estudio generó tanta controversia y derivó en el desenlace de la retractación.

Introducción: clasificación internacional de las enfermedades

Actualmente están categorizadas 130 formas oficiales en que un bebé puede morir. Esas categorías, definidas por la Organización Mundial de la Salud, se publican en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE). Cuando un bebé muere, los forenses deben elegir entre estas 130 categorías para documentar la causa de su muerte.

Versiones anteriores de la CIE identificaban la «inoculación y vacunación profiláctica» como una categoría separada de causa de muerte, con subcategorías para muertes causadas por vacunas específicas. Pero desde 1979 se han eliminado de la CIE todas las clasificaciones de causa de muerte asociadas con la vacunación. Desde entonces, los médicos no pueden certificar la muerte por vacunación porque la CIE ya no contiene un código para esa posibilidad.

Esto es extraño porque desde 1986 existe en Estados Unidos la Ley Nacional de Lesiones por Vacunas Infantiles, que creó el Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas (VAERS) y estableció el Programa Nacional de Compensación por Lesiones por Vacunas (VICP). Al 1 de mayo de 2021, se otorgaron más de US$4.5 mil millones por lesiones y muertes asociadas con vacunas. Numerosos casos aún están pendientes. Dado que las muertes relacionadas con las vacunas son reconocidas oficialmente por el gobierno federal a través del VICP, pero no existen clasificaciones en la CIE, se plantea una pregunta importante: ¿qué opciones tienen los médicos forenses para registrar las muertes relacionadas con las vacunas?

Antecedentes: síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL)

Antes de la introducción de programas de vacunación oficiales, la «muerte súbita del lactante» era tan rara que no se mencionaba en las estadísticas de mortalidad infantil.

En la década de 1960 se introdujeron y promovieron nuevas vacunas en los programas oficiales. En 1969, una alarmante epidemia de muertes infantiles súbitas e inexplicables impulsó a los investigadores a crear un nuevo término médico: síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL), ocurrida entre los 28 días y el año de vida. Para 1972, el SMSL se había convertido en la principal causa de mortalidad posneonatal en los Estados Unidos.

Durante los ’80, el SMSL siguió aumentando. Muchos padres temían vacunar a sus bebés. En 1992, la Academia Americana de Pediatría (AAP) ideó un plan para reducir la tasa de SMSL y tranquilizar a los padres. La AAP inició una campaña nacional recomendando a los padres que colocaran a sus bebés boca arriba, en lugar de boca abajo, durante el sueño. Desde 1992 hasta 2001, el SMSL posneonatal disminuyó. Parecía que la campaña «Dormir boca arriba» había resultado exitosa y que la verdadera causa del SMSL no se debía a las vacunas, sino a que los bebés dormían boca abajo.

Sin embargo, una inspección más detallada de las estadísticas reveló una laguna en la CIE. Las muertes infantiles súbitas e inexplicables antes clasificadas como SMSL, eran clasificadas como

  • asfixia en la cama;
  • otras formas de asfixia;
  • causas desconocidas o no especificadas;
  • muertes de intención indeterminada.

Es decir que gran parte de la reducción observada en las tasas de SMSL se explicaba por un cambio en la clasificación diagnóstica, sin que necesariamente hubiera disminuido el número total de SMSL.

Sobre esta base, se plantea que una forma alternativa de estudiar el problema consiste en analizar el momento en que ocurre la muerte respecto de la vacunación, independientemente del diagnóstico consignado en el certificado de defunción.

Metodología

Se realizó una búsqueda en el registro oficial VAERS incluyendo:

  • lactantes menores de un año;
  • fallecidos dentro de los 60 días posteriores a la vacunación;
  • entre 1990 y 2019 (treinta años).

Resultados principales

El análisis mostró que las muertes no se distribuían uniformemente durante los 60 días posteriores a la vacunación, sino que tendían a concentrarse en la semana inmediata a la vacunación. El 58% dentro de los 3 primeros días.

Revisión de la literatura

El artículo revisa numerosos estudios publicados desde la década de 1930 hasta la actualidad. Varios de esos trabajos describen un patrón temporal semejante, con una elevada proporción de fallecimientos durante la primera semana posterior a la vacunación. Aproximadamente una cuarta parte de las muertes ocurrió durante el primer día, la mitad dentro de los tres primeros días y cerca de tres cuartas partes durante la primera semana.

Un informe confidencial de GlaxoSmithKline (GSK), hecho público por el Tribunal italiano, mostraba que el 63% de las 67 muertes infantiles ocurridas luego de la administración de una vacuna hexavalente se produjeron durante los primeros 3 días. Otro informe confidencial de GSK, presentado a la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), mostraba que el 53% de las muertes se produjeron durante los primeros 3 días posteriores a la administración de una vacuna hexavalente y el 82% durante la primera semana.

Además comparando la vacunación temprana con la tardía, esta investigación ha demostrado que el riesgo de muerte es menor en niños mayores.

Conclusión

El análisis de los datos de VAERS, junto con la revisión de la literatura médica, muestra un patrón de muertes infantiles durante los primeros días posteriores a la vacunación. Existen 130 formas oficiales en que puede morir un lactante y una no oficial: como consecuencia de una reacción a las vacunas. Cuando las muertes relacionadas con las vacunas permanecen ocultas dentro de las estadísticas de mortalidad, resulta difícil vigilarlas y prevenirlas. Además, los padres se ven privados de la posibilidad de conocer una relación honesta entre riesgos y beneficios de las vacunas, y el consentimiento verdaderamente informado para la vacunación deja de ser posible.

Epílogo: proceso de retractación

La mala conducta editorial es común. Cualquier cuestión científica debería tratarse en las cartas al editor, como es habitual. Pero esto no sucedió. El proceso de retractación comenzó en diciembre de 2025, cuando el editor de Toxicology Reports, comunicó a Neil Z. Miller, el autor del estudio, que la revista había recibido cuestionamientos de «varias partes», respecto a posibles errores de investigación y afirmaciones engañosas sobre las vacunas.

Esos «cuestionamientos» remitían a comentarios publicados en PubPeer y a un hilo en la red social X. No se trataba de «varias partes», sino de una única persona que publicaba de forma anónima.

El contexto uruguayo

La vacuna hexavalente fue incorporada en el Certificado Esquema de Vacunación en 2025 para sustituir la pentavalente y la polio. Aún no han sido publicados los ESAVI correspondientes al año 2025, donde deberían aparecer por primera vez los registrados por esta vacuna.

La ley 18537 impone al estado la obligación de realizar autopsia en caso de muerte súbita del lactante de hasta 1 año de edad. En respuesta a un pedido de información al MSP para que aportara los informes anuales que la ley establece para informar sobre esa obligación, surge que las causas de muerte súbita estarían relacionadas con el «sueño» descripto por Miller como táctica para encubrir las muertes súbitas en su paper retractado. En definitiva el MSP no investiga a las vacunas como causa de muerte en los bebés de hasta un año de edad.

Los datos del estudio

Artículo: Vaccines and Sudden Infant Death: An Analysis of the VAERS Database 1990–2019 and Review of the Medical Literature
Autor: Neil Z. Miller
Publicado en: Toxicology Reports 8 (2021) 1324–1335

Correo electrónico: neilzmiller@gmail.com

Recibido el 27 de febrero de 2021

Recibido en forma revisada el 31 de mayo de 2021

Aceptado el 20 de junio de 2021

Disponible en línea el 24/6/2021 2214-7500/© 2021 El/los autor/es.

Publicado por Elsevier B.V. https://doi.org/10.1016/j.toxrep.2021.06.020

Ver el original en inglés o en la versión traducida.

Antes y después

El 1o de julio de 2025 comenzó la campaña de vacunación masiva gratuita contra el meningococo por parte del Ministerio de Salud Pública (MSP). Los boletines epidemiológicos que dan cuenta de los casos y fallecidos por las enfermedades de notificación obligatoria como la meningocócica, están disponibles en el sitio web del MSP, para este año y los correspondientes a las mismas semanas del año pasado.

Hoy, 28 de julio, el último boletín disponible corresponde a la semana epidemiológica 26 de 2026 y permite conocer los casos y fallecimientos por enfermedad meningocócica registrados hasta fines de junio. Es, por tanto, el primer corte que permite evaluar qué ocurrió durante exactamente el primer año de vigencia de la vacunación masiva y gratuita. La comparación pertinente es con la semana 26 de 2025 y, como referencia adicional, con la de 2024. A partir de esos boletines elaboramos el siguiente cuadro:

Surge que de 2024 a 2025 habían bajado los casos y los fallecidos por enfermedad meningocócica previo a la campaña de vacunación masiva gratuita. A partir de ella, entre 2025 y 2026 aumentaron levemente los casos y fallecidos de enfermedad meningocócica pero no alcanzaron los niveles de 2024.

Sin embargo se instaló en los medios una alarma por un «aumento inusual de casos», expresión utilizada por las propias autoridades sanitarias. El fallecimiento de menores por la enfermedad meningocócica que no estaban vacunados por no encontrarse comprendidos en el esquema definido por el MSP, movilizó a un grupo de padres, que reunió firmas para presentar una carta al presidente Yamandú Orsi. La iniciativa fue trasladada a la ministra de Salud Pública, Cristina Lustemberg, y en menos de una semana el Ministerio anunció la adquisición de más vacunas para ampliar la población objetivo, además de habilitar una agenda previa.

Hasta aquí, una secuencia de decisiones sanitarias. Pero el contexto político agrega un elemento que no debería pasar inadvertido.

A mediados de junio, Cristina Lustemberg había tenido que comparecer ante la Comisión de Salud del Senado para explicar la reducción de la inhabilitación impuesta a la anestesista Inés Miralles, condenada por mala praxis. El caso expuso varios episodios que revelaron vulnerabilidades en el manejo de opioides dentro de algunos centros asistenciales. El episodio generó fuertes cuestionamientos políticos y llevó a la oposición a reclamar la remoción de la ministra. Ese era, en aquel momento, el asunto que dominaba la agenda política y mediática.

Entonces cambió el escenario.

La instalación de la alerta sanitaria en torno al supuesto brote de meningitis desplazó rápidamente el eje de la discusión. La ministra cuestionada pasó de estar en el centro de la controversia política a ocupar el centro de la escena como autoridad responsable de enfrentar una supuesta emergencia sanitaria. Y, de pronto, el clamor opositor por su remoción se acalló.

¿Una simple coincidencia temporal? ¿Una oportunidad política aprovechada? ¿O la utilización de una alarma sanitaria sobredimensionada para redimir a la ministra?

Los datos epidemiológicos disponibles merecen ser examinados antes de aceptar sin más el relato de una “crisis”. Porque mientras la ciudadanía es convocada a temer por la salud de sus hijos, la ministra dejó de ocupar los titulares por el episodio que había puesto en entredicho su gestión.

La pregunta, entonces, no es solamente qué ocurrió con los casos de enfermedad meningocócica. También corresponde preguntarse cómo se construyó la alarma, qué datos se utilizaron para justificarla y a quién benefició políticamente su instalación.