Cuando la disidencia se convirtió en culto y el líder se fabricó un martirio

En marzo de 2020, Alemania estaba gobernada por Angela Merkel, en su cuarto y último mandato como canciller hasta diciembre de 2021. El país atravesaba, además, un período de desgaste de los grandes partidos tradicionales y de creciente fragmentación política.

En plena pandemia de COVID-19, cuando en numerosos países se aplicaron medidas para contener la expansión del virus, en Alemania surgieron distintos movimientos de protesta contra las medidas adoptadas por el gobierno.

Querdenken se organizó mediante grupos locales y convocó grandes manifestaciones en distintas ciudades alemanas. Una de ellas tuvo lugar el 29 de agosto de 2020, en Berlín, en la que Robert F. Kennedy Jr. fue el orador principal. Su presencia convirtió el acto en uno de los episodios internacionales más visibles de las protestas alemanas de aquel período y fue su plataforma del lanzamiento internacional de Children’s Health Defense Europe.

En Kassel se organizó el grupo Freie Bürger Kassel (Ciudadanos Libres de Kassel), que convocó a salir a las calles contra las medidas restrictivas frente a la COVID-19. Esa experiencia comenzó a conectarse con grupos de otros países a través de las redes sociales con el hashtag #wewillALLbethere y dio origen a World Wide Rally for Freedom (WWRFF). En Uruguay se llevaron a cabo varias marchas en adhesión a esa red que firmaba World Wide Demonstration. Ver LibresUY.

En Berlín surgió una voz que prometía llevar a los responsables de las medidas pandémicas ante un «Segundo Nüremberg». Esa voz era la del abogado Reiner Fuellmich.

El Comité Corona fue una iniciativa privada alemana creada en 2020, con el propósito declarado de investigar y documentar las medidas adoptadas frente a la pandemia. Los primeros cuatro integrantes fueron
Reiner Fuellmich, Viviane Fischer, Justus Hoffmann y Antonia Fischer.

Fuellmich convirtió rápidamente al Comité Corona en una plataforma internacional de crítica a las políticas oficiales frente a la pandemia. En sus intervenciones hablaba de un «Nüremberg 2.0», expresión que posteriormente se convirtió en una de las consignas asociadas a su actividad.

En 2021 Fuellmich dio el salto a la política. Se incorporó a dieBasis, el partido surgido en 2020 en torno al movimiento de protesta contra las medidas adoptadas durante la pandemia. Para las elecciones federales de setiembre de 2021, Fuellmich fue candidato de la formación y, pocos días antes de los comicios, fue elegido mediante el procedimiento interno de la organización como candidato a canciller para suceder a Merkel.

La aventura política de Fuellmich no tuvo continuidad electoral: dieBasis obtuvo el 1,4 % de los votos de lista en las elecciones federales de 2021.

Pero el capítulo más controvertido de la historia de Fuellmich no llegó desde la política ni desde sus investigaciones sobre la pandemia. Llegó desde el dinero.

Surgieron conflictos internos relacionados con el manejo de los fondos del Comité Corona. Esos conflictos terminaron en un proceso penal contra Fuellmich.

¿Qué era exactamente esa organización, quién la financiaba y por qué Fuellmich fue condenado?

Hay que separar tres cosas que con frecuencia aparecen mezcladas: el Comité Corona como iniciativa de investigación, la estructura jurídica que lo sostenía y el conflicto por el dinero.

1. ¿Qué era exactamente el Comité Corona?

No era una comisión oficial del Parlamento alemán ni un organismo estatal. Era una iniciativa privada de cuatro abogados: Reiner Fuellmich, Viviane Fischer, Justus Hoffmann y Antonia Fischer.

El Comité Corona organizaba sesiones públicas con expertos y testigos, las transmitía por internet y publicaba sus contenidos. Su objetivo declarado era investigar distintos aspectos de la pandemia: el origen y las características del virus, las pruebas PCR, las medidas sanitarias, los confinamientos, las vacunas, los daños económicos y las posibles responsabilidades jurídicas.

Desde sus primeras sesiones, el Comité Corona adoptó una posición fuertemente crítica respecto de las políticas oficiales de COVID-19. La expresión «Nüremberg 2.0» terminó asociándose a la expectativa de llevar a juicio a quienes, según esa corriente, habían cometido delitos durante la pandemia.

2. ¿Quién lo financiaba?

Fundamentalmente, donantes particulares. El capital inicial había sido apenas de 500 euros. La organización tenía gastos de funcionamiento, producción audiovisual, traducciones, proveedores y otros servicios, por lo que solicitaba públicamente donaciones para financiar sus actividades.

La iniciativa nunca llegó a inscribirse como la fundación que pretendían crear. La propia escritura establecía que los ingresos generados por las donaciones debían utilizarse para los fines de la sociedad y posteriormente transferirse a la fundación proyectada.

Por tanto, no se trataba simplemente de cuatro abogados realizando entrevistas sin estructura económica detrás. Existía una organización con cuentas, gastos y fondos provenientes de donaciones.

3. ¿Qué ocurrió con el dinero?

El tribunal regional de Göttingen determinó que Fuellmich había utilizado para fines propios 700.000 € provenientes de fondos destinados al Comité Corona. Los hechos juzgados correspondían a 2020 y 2021. Fuellmich fue detenido y encarcelado el 13 de octubre de 2023, tras ser devuelto desde México a Alemania.

Según la acusación y las pruebas examinadas durante el proceso, el dinero había llegado a su patrimonio mediante dos operaciones principales: aproximadamente 500.000 € a una cuenta de Fuellmich y unos 200.000 € a una cuenta de su esposa.

Fuellmich negó haber cometido administración desleal. Reconoció que el dinero se había puesto a salvo de posibles acciones del Estado en represalia contra el movimiento y que él tenía derecho a disponer de esos fondos para resguardarlos. También sostuvo que se trataba de una reserva de liquidez y que tenía intención de devolverla.

El tribunal no aceptó esa explicación y el 24 de abril de 2025 lo condenó por administración desleal en dos casos a una pena conjunta de 3 años y 9 meses de prisión. El tribunal consideró probado que los fondos habían sido utilizados en perjuicio del Comité Corona.

Y hay una actualización importante: la condena ya no está pendiente de revisión. El 25 de agosto de 2026, el Tribunal Federal de Justicia de Alemania examinó el recurso presentado por Fuellmich y confirmó la decisión del tribunal de Göttingen. La condena quedó así firme.

El verdadero foco de la condena

Hay una distinción importante: la condena penal se refiere al manejo de los fondos. No significa que el tribunal haya declarado fraudulentas todas las actividades, entrevistas o investigaciones realizadas por el Comité Corona.

La historia que había comenzado en 2020 con la promesa de investigar la pandemia y llevar a sus responsables ante un «Segundo Nüremberg» terminó, en cambio, con su principal impulsor condenado por el manejo fraudulento de los fondos del propio movimiento que había contribuido a construir y perjudicando a quienes habían confiado en él.

¿Qué pasó con el Comité Corona?

El Comité Corona no desapareció completamente: se reconvirtió en el ICIC (International Crimes Investigative Committee). El sitio del ICIC informa que Fuellmich y su equipo están desarrollando el trabajo iniciado en el Comité Corona, ahora bajo el formato de “investigaciones internacionales”, mientras alrededor de su principal figura se construye otra narrativa: la del líder perseguido, convertido en símbolo y mártir de la propia disidencia.

Fuellmich no fue condenado por investigar la pandemia. Lo fue por malversar fondos en su beneficio y así estafar a sus socios, patrocinadores y seguidores.

Finalizada la pandemia

Fuellmich nunca devolvió el dinero. Aún está en prisión. Su destino contrasta con el del también abogado Robert Kennedy, quien desde 2025 es el ministro de salud de Estados Unidos.

Y lo más triste de todo es que nunca hubo Segundo Nüremberg. Sólo unos pocos juicios exitosos promovidos en algunos países por personas afectadas por la vacunación contra la COVID-19.

Porque ningún profeta va a salvarnos. Cuando la disidencia se convierte en culto a un líder, dejamos de ser ciudadanos para convertirnos en espectadores y operadores. Y mientras esperamos que otro actúe, quienes deciden avanzan atropellando.

El cambio no requiere líderes.

El cambio no espera.

El cambio es ahora, aquí y depende de cada uno.


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