El Ministerio de Salud Pública (MSP) lanzó una campaña dirigida a embarazadas que recomienda CUATRO vacunas durante la gestación: triple bacteriana (tétanos, difteria y tos convulsa), antigripal, anti-COVID-19 y anti-VSR. Sí, cuatro vacunas. En un mismo embarazo. Por cada embarazo. Sin aval científco.
El objetivo declarado no es proteger a la mujer, sino transferir anticuerpos al feto. Es decir: se expone a un tercero que no puede consentir, rechazar ni evaluar riesgos.
¿Están probadas las vacunas en embarazadas? La respuesta es NO. No están probadas de a una ni combinadas.
Las vacunas no se ensayan clínicamente en embarazadas antes de su aprobación por una razón ética básica: no se experimenta con fetos. La supuesta evidencia que luego se invoca como “seguridad” proviene de estudios observacionales posteriores y retrospectivos, como el registrado en la EMA para la vacuna contra el VRS en mujeres uruguayas y argentinas, sesgados para usarlos como propaganda del fabricante. No proviene de ensayos controlados diseñados para evaluar riesgos fetales.
Desde hace décadas hay una regla no negociable: el feto no puede ser sujeto experimental. Ese principio no nació de debates académicos. Nació de tragedias reales: la talidomida y el dietilestilbestrol (DES).
Talidomida: cuando el daño obligó a decir la verdad
A fines de los años 50, la talidomida fue recetada a embarazadas contra las náuseas. No había ensayos en embarazadas, pero se extrapoló la seguridad desde adultos. Fue aprobada por autoridades, avalada por expertos y promocionada con lenguaje tranquilizador. Es el sesgo de autoridad.
El resultado: más de 10.000 niños con focomelia y malformaciones irreversibles. La focomelia es la ausencia de elementos óseos y musculares en los miembros superiores o inferiores. Puede afectar a un solo miembro o a varios. El miembro afectado queda reducido a un muñón. Hay fotos impactantes en la web.
La droga atravesó la placenta, actuó sobre un organismo en desarrollo y produjo daño estructural permanente. El reconocimiento fue tardío. Las responsabilidades, difusas. Aún hoy existen procesos judiciales y administrativos en curso. De esa catástrofe surgió un consenso ético claro:
- exclusión de embarazadas de los ensayos,
- reconocimiento de que el feto es vulnerable y debe ser protegido,
- principio de precaución elevado a dogma.
DES para prevenir abortos
Las hijas del DES, como se las conoce actualmente, corren el riesgo de padecer un tipo raro de cáncer vaginal o cervical. El DES, un fármaco que se daba a mujeres embarazadas entre 1938 y 1971 para prevenir abortos, aumentó significativamente el riesgo de ciertos cánceres y problemas reproductivos en sus hijas, incluyendo anomalías uterinas y problemas de fertilidad. Todo eso sin haber ingerido jamás el fármaco. El daño ocurrió antes de nacer, cuando el organismo estaba en formación y era más vulnerable. No se evidenció en el nacimiento como la talidomida, sino años más tarde.
Ya se sabía que el DES no prevenía abortos. Ya había estudios negativos en los años 50. Pero el fármaco siguió indicándose durante dos décadas más. El DES no fue un “error médico”: fue uno de los antecedentes jurídicos más contundentes que demuestran el daño prenatal causado por decisiones sanitarias avaladas por el Estado.
La talidomida fue el daño visible a corto plazo en niñas y niños; el DES, el daño silencioso a mediano y largo plazo sólo en niñas.
Vacunas y autismo
Desde 1998, al menos, existe una sospecha pública persistente sobre una posible relación entre las vacunas infantiles y los trastornos del neurodesarrollo, como el autismo. No surgió de redes sociales ni de teorías marginales: fue publicada en la principal revista médica del mundo, The Lancet. La reacción fue fulminante. El estudio se convirtió en un tabú y su posterior retractación fue utilizada no solo para desactivar el debate científico, sino para estigmatizar y desacreditar a familias que relataban experiencias directas imposibles de borrar con comunicados oficiales.
A partir de entonces, se instaló un consenso defensivo: no investigar más, no preguntar más, no escuchar más. El mantra «las vacunas salvan vidas» se instaló y cualquier duda fue etiquetada como ignorancia, miedo o conspiración. Las agencias sanitarias, con el CDC a la cabeza, cerraron filas y transformaron una cuestión científica abierta en una certeza política inamovible. Y comenzó la estigmatización por «antivacunas» a quienes se oponen a la vacunación compulsiva.
Décadas después, el propio CDC ha modificado recientemente su sitio web, reconociendo que se investigará la hipótesis de una posible relación entre las vacunas y los trastornos del neurodesarrollo, incluido el autismo.
Si a los efectos no investigados de las vacunas administradas durante el embarazo, se le suman los efectos adversos de las vacunas infantiles aplicadas a los bebés desde el nacimiento, el resultado no es una política sanitaria: es un combo nefasto para un experimento sin sustento.
Un doble frente de exposición —prenatal y neonatal— presentado como cuidado, blindado por consignas y sostenido por una certeza ciega que no admite preguntas. Primero se interviene al feto a través del cuerpo de la madre; luego, al recién nacido. Todo en nombre de un supuesto beneficio. No es ciencia avanzar sin datos: es fe. La carga de la prueba debe estar en quien recomienda, no en quien duda.
Biopolítica en lugar de ciencia
La recomendación del MSP es vacunar en CADA embarazo, independientemente de su espaciado. Entonces la pregunta es obvia: ¿cuánto dura realmente la protección de las vacunas? Las vacunas en embarazadas pueden producir abortos, partos prematuros y malformaciones. Esto no es inmunología. Es biopolítica aplicada al calendario reproductivo.
La talidomida y el DES enseñaron algo fundamental:
=> la autoridad puede errar,
=> el daño puede manifestarse tarde,
=> la certeza retrospectiva no protege a quienes fueron expuestos primero.
Madre:
La talidomida y el DES lo probaron de la peor manera: dejaron escrito en cuerpos reales que el daño prenatal no admite excusas. Por eso resulta obsceno que hoy se indiquen vacunas a las embarazadas. Tu decisión vale por DOS vidas: la tuya y la de tu bebé.



Excelente el labor que hacen de informarnos de la manera que lo hacen: fundamentos, historia, análisis. Gracias por tanto!!