Cuando el algoritmo se disfraza de ciencia

De 2020 a 2022, el mundo vivió la pandemia de COVID-19, los encierros y el lanzamiento de una vacuna presentada como la gran solución para salvar a la humanidad. Sin embargo, la vacunación presentó severos efectos adversos que durante un tiempo fueron minimizados, cuestionados o no detectados por los sistemas de vigilancia. Hoy, nuevas investigaciones están sacando a la luz información que permite volver sobre aquellas decisiones y preguntarse si realmente se hizo todo lo posible para proteger la seguridad de la población.

En abril de 2021, se investigaban los reportes de miocarditis tras la vacunación contra la COVID-19 que se acumulaban, especialmente en varones jóvenes y después de la segunda dosis de las vacunas de ARNm.

El 9 de julio de 2021, la OMS advirtió que la evidencia disponible sugería una probable asociación causal entre las vacunas de ARNm y la miocarditis y pericarditis.

Pero en Estados Unidos el sistema oficial de vigilancia no detectaba esa señal.

¿Cómo salió todo esto a la luz?

En 2026, una investigación del Senado estadounidense permitió obtener cientos de documentos internos de la FDA y otras agencias. El British Medical Journal (BMJ), a partir de esos documentos, reconstruyó y publicó esta historia el 16 de septiembre de 2026.

¿Cómo funcionaba el monitoreo del VAERS?

El algoritmo GPS, desarrollado por el estadístico William DuMouchel para la detección de señales de seguridad en los sistemas de registro como VAERS, había sido publicado a fines de los años noventa y posteriormente evolucionó hacia el MGPS. En 2012, DuMouchel y otros investigadores publicaron una nueva versión denominada RGPS.

Por tanto, cuando comenzó la vacunación contra la COVID-19, no se estaba ante una metodología experimental creada para las vacunas COVID. Existía una larga historia de desarrollo de métodos aplicados a la farmacovigilancia.

Durante febrero y marzo de 2021, Ana Szarfman, médica de la FDA especializada en farmacovigilancia que había trabajado con DuMouchel, advirtió dentro de la FDA que el MGPS utilizado por la agencia no representaba el estado del arte y que el método actualizado de DuMouchel, RGPS, era más adecuado.

El 25 de abril de 2021, Szarfman reiteró que RGPS identificaba mejor que MGPS determinadas señales de eventos cardíacos asociados con las vacunas de Pfizer y Moderna.

En mayo de 2021, se le indicó a Szarfman que dejara de producir y distribuir los análisis realizados con RGPS. La FDA mantuvo su vigilancia del VAERS mediante MGPS.

Pero había otro dato.

Desde antes de la pandemia, la FDA y el CDC habían previsto utilizar dos métodos diferentes para la detección de señales en el VAERS: el CDC usaba PRR y la FDA usaba el MGPS. La idea era que ambos métodos se complementaran y que las dos agencias compartieran y discutieran sus resultados sobre la vigilancia.

Sin embargo, durante 2021 la FDA y el CDC decidieron apoyarse sólo en el método de la FDA, por considerarlo “más robusto”. Un eufemismo para “opacidad”, como se verá.

El CDC, en junio de 2021 había encontrado cientos de casos de miocarditis, pericarditis o miopericarditis. Sin embargo, el análisis de la FDA seguía sin reportarlos.

El CDC conocía, por tanto, la discrepancia entre su método y el de la FDA. Entonces en 2022, el CDC comenzó a aplicar el PRR que había estado previsto desde el comienzo. Y aparecieron cientos de señales que alcanzaban los criterios establecidos por la propia agencia, entre ellas miocarditis, pericarditis, parálisis de Bell y tinnitus.

El mismo sistema VAERS. Los mismos reportes de casos. Otro método de análisis.

Y desde entonces ya no se pudo ocultar la verdad.

El algoritmo no “falló” en el vacío.

La FDA había sido advertida de que su método podía estar ocultando señales. Recibió análisis que demostraban el problema y una metodología para corregirlo. Y, aun así, mantuvo el método “fallado” y ordenó detener los análisis que advertían sobre sus limitaciones, mientras seguían llegando reportes sobre los eventos que no “detectaba”.

Pero el CDC tampoco puede lavarse las manos. Conocía el problema. Conocía los casos. Conocía la ausencia de señales en el sistema de la FDA. Y, pese a que estaba previsto que realizara su propio análisis mediante PRR, no lo hizo hasta 2022. Durante ese período, ambas agencias siguieron apoyándose sólo en el método de la FDA.

El CDC fue cómplice del sistema que permitió que la ausencia de señal se mantuviera. Encubrió a la FDA que se negaba a rectificar su método.

La investigación del BMJ muestra que la FDA y el CDC a sabiendas ocultaron la información sobre los efectos adversos de la vacunación anticovid mientras desde todas las estructuras de poder y mediática se seguía desacreditando las opiniones que se levantaban en contra. Y acusando ciudadanos de conspiranoicos, antivacunas y espoletas; de viralizar fakenews para desinformar; etc.

Preguntas que arden

¿Es ciencia usar el método como coartada?

¿Es ciencia disfrazar la censura de “robustez”?

¿Es ciencia condicionar la vida de millones con comités dóciles como el GACH, mientras se ocultaba la verdad sobre la seguridad de las vacunas?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *