En 2021, en plena pandemia de COVID-19, la OMS lanzó su hoja de ruta mundial “Hacia un mundo sin meningitis”, con horizonte 2030. El documento puede consultarse aquí.
La estrategia apunta específicamente a combatir la meningitis bacteriana aguda prevenible mediante vacunación. Entre sus objetivos, la OMS plantea:
- “Reducir el número de casos de meningitis bacteriana prevenible mediante vacunación en un 50%”.
- En materia de prevención y control de epidemias, “lograr una mayor cobertura vacunal entre la población”.
¿Epidemia en Uruguay?
La propia OMS establece que existe una epidemia de meningitis cuando la incidencia acumulada supera los 100 casos por cada 100.000 habitantes durante un año en una población determinada.
¿Estamos cerca de ese escenario?
Según el último Boletín Epidemiológico del MSP correspondiente a 2025, disponible aquí, la incidencia acumulada de meningitis y enfermedad meningocócica fue apenas de 1,17 casos por cada 100.000 habitantes.
Es decir: menos de 2 casos frente a más de 100 casos por cada 100.000 que la OMS utiliza como referencia para una situación epidémica. Claramente no hay epidemia en Uruguay con una incidencia que se encuentra decenas de veces por debajo de ese umbral.
¿Y la vacunación masiva preventiva?
Aquí la cuestión es todavía más reveladora.
La OMS clasifica la incidencia de enfermedad meningocócica invasiva de la siguiente manera:
- menos de 2 casos por 100.000 habitantes/año: baja endemicidad;
- 2 a 10 casos por 100.000/año: endemicidad moderada;
- más de 10 casos por 100.000/año: alta endemicidad;
- más de 100 casos por 100.000/año: umbral epidémico.
Estos umbrales no son, por sí mismos, umbrales de vacunación. Son categorías epidemiológicas que permiten dimensionar la carga de enfermedad y orientar las estrategias de prevención.
Uruguay, con apenas 1,17 casos por 100.000 habitantes en 2025, se encuentra incluso por debajo del nivel que la OMS clasifica como baja endemicidad.
Y en 2026 tampoco aparece una situación compatible con una epidemia nacional: a la semana epidemiológica 31, la incidencia acumulada publicada por el MSP era de 0,78 casos por cada 100.000 habitantes. Ver boletín 31 aquí.
Poco frecuente
El propio MSP informa desde su sitio web que «la enfermedad meningocócica es poco frecuente«.
Los fallecidos en Uruguay por meningitis en 2024 fueron 11, mientras que en 2025 sin vacunación masiva fueron 5. En 2026, con vacunación, son 7 a la semana 31.
¿Cuántos niños y adolescentes sufrirán efectos adversos graves, incluida la muerte, debido la vacunación contra el meningocuco para prevenir una enfermedad cuya incidencia se encuentra en niveles de tan baja endemicidad?
Entonces, ¿por qué la alarma sanitaria?
No hay 100 casos de meningitis por 100.000 habitantes. Ni 10. Ni siquiera 2.
Hay 0,78.
Y, sin embargo, se está impulsando una campaña masiva de vacunación contra el meningocuco.
¿Cuál es exactamente el criterio epidemiológico que la justifica?
Porque una cosa es prevenir una enfermedad grave y otra muy distinta es presentar como amenaza epidémica una enfermedad cuya incidencia se encuentra muy por debajo de los niveles que la propia OMS utiliza para caracterizar escenarios de alto riesgo.
Si los números no muestran una epidemia, si la incidencia permanece en niveles extremadamente bajos y si tampoco se alcanzan los niveles de incidencia que la OMS asocia con estrategias preventivas de vacunación a gran escala, entonces la explicación ya no puede encontrarse simplemente en la epidemiología.
¿Cuál es su verdadera motivación?
Lejos de una justificación científica, lo que hay es una decisión política alineada con la agenda de la OMS: Uruguay está aplicando MenFive, una vacuna precalificada por la OMS y sin autorización de reguladores como la FDA y la EMA. Y, además, no es la vacuna que había recomendado en 2024 la Comisión Nacional Asesora de Vacunación (CNAV) del MSP.
La CNAV había recomendado la vacuna antimeningocócica ACWY, que cuenta con las aprobaciones de la FDA y la EMA. Sin embargo, el nuevo gobierno en 2025 incorporó MenFive, la vacuna ACWXY, que agrega el serogrupo X.
¿Quién, cómo y por qué tomó la decisión de aplicar en Uruguay esa vacuna desarrollada especialmente para el cinturón de la meningitis de África, donde se han registrado tasas de hasta 1.000 casos por 100.000 habitantes, esto es, el 1% de la población?
Erradicar la meningitis en un país con menos de 2 casos por 100.000 habitantes al año es sencillo frente al desafío que supone hacerlo en el cinturón africano de la meningitis. Pero puede ser un mérito muy conveniente para quien aspire a proclamarse campeón mundial de la lucha contra la meningitis y artífice del primer país en erradicarla, de cara a las elecciones nacionales de 2029 y a la agenda de la OMS hacia 2030.
Además las vacunas son importadas y no son gratuitas: son productos comerciales adquiridos con dinero público.
Entonces…
¿Existen vínculos entre quienes impulsan activamente en Uruguay esta campaña masiva de vacunación antimeningocócica, los medios que amplifican la supuesta alerta epidemiológica, los fabricantes y los proveedores de las vacunas?
Esa pregunta no es antivacunas. Es control ciudadano sobre las decisiones que se toman en nombre de la salud pública. Porque cuando los datos no muestran una epidemia, cuando la incidencia está por debajo incluso del nivel de baja endemicidad y cuando la vacuna utilizada no es la recomendada por la CNAV sino una en etapa EXPERIMENTAL de la OMS la sociedad que paga las vacunas con sus impuestos tiene derecho a saber por qué se está haciendo lo que se está haciendo, quién lo decidió y a quién beneficia.
